31 Jul Identidad y literatura: un análisis de sus vínculos con la alteridad
Texto por: Carlos Ortiz
Editado por: Jairo Echeverri García
Una vida dedicada a la búsqueda de la identidad está llena de ruido y de furia.
Zygmunt Bauman
Litterae
Los vínculos entre literatura e identidad, así como su relación con la alteridad, no logran resolverse de manera sencilla. Se podría decir que la identidad se manifiesta en los textos literarios por las facultades o cualidades individuales o comunes a determinados personajes de las obras. Asimismo, se puede apuntar que la identidad en la literatura se relaciona con aquellas obras que hablan de los rasgos comunes que constituyen una identidad nacional. La conexión entre estas categorías -literatura/identidad/alteridad-, han sido estudiadas desde mediados del siglo XX.
La expresión «literatura» se deriva del latín litterae, y abarca varios significados: letras, escritura, alfabeto, gramática, erudición, entre otros. En el siglo XVIII, se empleaba para designar, de forma general, los «escritos» imaginativos, también «el saber libresco». La idea actual del vocablo data del siglo XIX, y se utilizaba para nombrar los escritos poéticos, dramáticos y narrativos de una nación. Las indagaciones de los estudiosos occidentales han dado a entender que su sentido ha variado a lo largo de los años. Todorov indica que hay lenguas que no cuentan con un término genérico para hablar de literatura. En la Grecia antigua, se utilizaba el término poíesis, para referirse a los «escritos» elocuentes, pero también al trabajo de creación; se relacionaba con el acto de leer, ser lector o erudito.
Identidad cultural
Uno de los lazos más importantes entre literatura e identidad se vio ampliamente reforzado durante el siglo XIX en occidente, aunque no se hablara del término «identidad», se consideraba que para conformar las nuevas naciones estas debían tener rasgos comunes -una identidad cultural-. La literatura en el siglo XIX fue una de las vías que emplearon los grupos que se autodenominaron superiores (civilizados, europeos), para representar a grupos «inferiores» a ellos (indios, africanos, árabes, etc.). Siendo así, la literatura se convirtió en una herramienta para construir, reforzar o destruir identidades, y para configurar un discurso de poder que definía lo propio y lo ajeno.
La creación de una identidad a través de la literatura dependía de un determinado contexto, de un momento histórico que respondía a unas condiciones sociales, económicas, políticas y culturales. La literatura estaba estrechamente vinculada a las condiciones históricas, sociológicas e ideológicas de una comunidad o nación y podía aparecer asociada asimismo con valores y normas, que proporcionaban las bases de la homogeneidad del grupo, aportaba estabilidad y coherencia en las identidades.
La literatura se convirtió en una herramienta para construir, reforzar o destruir identidades, y para configurar un discurso de poder que definía lo propio y lo ajeno.
Una y otra vez igual
La construcción de la identidad ha sido un mecanismo o proceso del cual hombres y mujeres se han valido para distinguir, primeramente, el nosotros de los otros; para consagrar o ensalzar una cultura, reconocerse y entenderse en el mundo, incluso para dominar o también para relacionarse.
Gracias a su fundamentación simbólica, y no biológica, las agrupaciones humanas presentan una extraordinaria diversidad. El ser humano es capaz de integrarse no solo en comunidades de dimensiones ampliamente heterogéneas, sino también de pertenecer, al mismo tiempo, a diferentes grupos, como una familia, un partido político, una comunidad religiosa, una agrupación deportiva, una asociación cultural o profesional, entre otras. Las formaciones culturales que sustentan esos grupos son igualmente diversas y análogamente heterogéneas: son polimorfas y polisistémicas.
Los diferentes grupos a los que se une el «yo» son, por ello, reflejo de la serie de variadas afiliaciones a las que un individuo puede acceder. Dentro de una misma cultura, constituida a modo de macro/formación, interviene, en consecuencia, un amplio conjunto de sub/formaciones culturales, que encuentran su correspondencia en las diversas identidades culturales a las que se vinculan.
A partir de los años 90 del siglo XX distintas disciplinas como la psicología, la filosofía, la sociología, la antropología, los estudios culturales, la crítica y teoría literaria, entre otras, se empezaron a ocupar del estudio de la identidad. A pesar de las diferencias de sus investigaciones todos los resultados convergen al aseverar la existencia de múltiples identidades y que esa noción de identidad contiene dos dimensiones: una individual y otra colectiva, y se manifiestan en diversos campos como el cultural, nacional, étnico. La palabra identidad posiblemente surge de la convergencia de varios términos de origen latino: idem (lo mismo) y entitas (entidad). Hay otra fuente etimológica que es identidem, que quiere decir una y otra vez igual.
Las discusiones referentes a la identidad son un fenómeno propio de la modernidad, que desde una perspectiva filosófica, han puesto al ser humano en el centro del mundo, imponiéndolo contra el teocentrismo medieval. La época clásica dio forma al sujeto de la modernidad, de la razón, de la ciudadanía y del interés individual. Así, las sociedades tradicionales determinaron su concepción de sujeto vinculado a la organización social, a la integración, a la fusión del grupo y al código de honor.
Brah (2011) plantea que las identidades están marcadas por la multiplicidad de posiciones de sujeto que constituyen al sujeto. Por lo tanto, la identidad no es fija ni una; más bien es una multiplicidad de relaciones en constante transformación. Pero en el curso de este flujo, las identidades asumen patrones específicos dependiendo de las circunstancias personales, sociales e históricas.
Boris Cyrulnik citado en Michel Petit:
"Entre los millares de imágenes que me rodean desde mi nacimiento, entre los millares de millares de palabras en las cuales me empapo desde que nací, solo tengo algunas imágenes y algunas palabras que constituyen mi identidad. Defiendo ese casi nada, porque es un relato de mí. Ese relato es una quimera. En la quimera, todo es verdadero. Las alas son de un águila, el cuerpo es de un león, la cabeza es de un toro. Todo es verdadero y, sin embargo, el animal no existe. Entonces, el relato que me hago de mí es la quimera que me hago de mí […] ese relato de sí es lo que se ofrece a los demás. Pero se lo puede modificar. Una imagen puede trabajarse"
Esta reflexión sobre identidad y literatura nos invita a entender que la construcción identitaria es un proceso dinámico, que se manifiesta en múltiples dimensiones -individual, colectiva, cultural y territorial-, y que la literatura, como relato de nosotros mismos, sigue siendo un espacio privilegiado para explorar quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser. La relación entre literatura, identidad y alteridad, atravesada por el discurso y la cultura, nos recuerda que toda identidad se construye en el encuentro -y a veces en el conflicto- con el otro, y que la literatura es ese territorio simbólico donde esas tensiones se vuelven visibles, narrables y, finalmente, comprensibles.
Barranquilla es Leer
Barranquilla es Leer es el programa de acompañamiento a docentes de las Instituciones educativas distritales, desde la literatura, de la Secretaría de Educación del Distrito de Barranquilla (SED) y la Fundación Círculo Abierto (FCA).
El programa trabaja con niñas y niños de las IED de Barranquilla, elegidas bajo los criterios de la SED, en la experiencia de la lectura y la escritura, en una inmersión en la literatura compuesta por clubes de lectura especializados con artistas, acceso a una biblioteca digital de literatura infantil y juvenil, asistencia a foros de apreciación de literatura con personas expertas en literatura infantil y juvenil, tutorías semanales con niñas y niños
Sobre la Fundación Círculo Abierto
La Fundación Círculo Abierto trabaja desde el año 2010 en el diseño y ejecución de proyectos relacionados con educación y cultura. Su confianza en el lenguaje de las artes para construir y comunicar conocimiento ha sido el eje común de las experiencias que desarrolla con artistas tradicionales, contemporáneos, locales, nacionales, internacionales y comunidades diversas del territorio colombiano.
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