09 Mar La palabra que busca sus grietas
Texto por: Jairo Echeverri García
Foro de Mediación Lectora 2025: El inicio de «Barranquilla es leer»
Un encuentro con la palabra viva en La Fábrica de la Cultura
En el corazón de Barranquilla, entre las paredes que alguna vez albergaron maquinaria industrial y que hoy resuenan con ecos culturales, La Fábrica de la Cultura se vistió de gala para recibir a cientos de maestros, mediadores de lectura, gestores culturales y amantes de la lectura en el V Foro de Mediación de la Lectura, un espacio dedicado al fomento a la lectura en la ciudad. Este evento marcó el inicio del proyecto «Barranquilla es leer», una iniciativa llevada a cabo por la Secretaría de Educación del Distrito y la Fundación Círculo Abierto. La cita era la celebración de una política pública de lectura que lleva nueve años transformando las aulas de la ciudad desde la palabra, desde el libro, desde la lectura entendida no como obligación sino como experiencia vital, impactando de forma positiva el comportamiento lector de toda la comunidad educativa.
La semilla de una política pública: palabras de la Secretaria Paola Amar
Con la energía de quien sabe que está sembrando en tierra fértil, la Secretaria de Educación, Paola Amar Sepúlveda, abrió el evento con un mensaje que combinaba orgullo ciudadano y convicción pedagógica, destacando el papel de las redes de mediadoras y mediadores de lectura en la transformación educativa de la ciudad. «Para Barranquilla, para el Caribe, realmente es un orgullo como ciudad tener una política sostenida de acompañamiento a nuestros docentes en los últimos nueve años en materia de lectura», declaró, y en sus palabras se escuchaba el eco de un trabajo sostenido que ha logrado lo que parecía imposible: convertir la lectura en política pública de lectura, en prioridad, en eje transversal de la calidad educativa, fortaleciendo así los procesos lectores desde la primera infancia.
Amar compartió un fragmento íntimo de su historia personal, ese lugar al que todos los mediadores de lectura terminamos llegando cuando hablamos de lectura: la propia biografía. Recordó a su padre, un académico que le insistía en que «había que leer 24 libros al año porque si no, no se te despertaba la mente». Y esa lectura primero impuesta, luego convertida en pasión, terminó desarrollando no solo su mente sino su comprensión lectora del mundo, afinando su sensibilidad lectora y sus habilidades lectoras. La secretaria fue clara en señalar que los resultados de calidad que hoy muestra Barranquilla son estructuralmente deudores de estos ejercicios, especialmente en primaria.
Con la mirada puesta en los docentes que llenaban el auditorio, cerró su intervención con un agradecimiento sentido: «Gracias, gracias y gracias. Cada día ustedes son quienes hacen posible que la educación de Barranquilla esté a otro nivel». El aplauso que siguió fue el reconocimiento mutuo entre quien impulsa las políticas públicas de lectura y quienes, como coordinadores de lectura y mediadores del proceso lector, las hacen posibles en el día a día del aula.
El cuerpo como territorio de lectura: la intervención de Margarita Ariza
Cuando Margarita Ariza tomó la palabra, el aire se volvió más denso, más íntimo. Habló de pasar por el cuerpo la experiencia de leer, de esa «fisicalidad» que Victoria García, moderadora y cofundadora de Círculo Abierto, había anunciado en su presentación. «Pasar por el cuerpo la experiencia es fundamental», dijo Margarita, y con esa frase abrió una ventana a su manera de entender la mediación de lectura: no como transmisión de información, sino como inscripción de afectos en el cuerpo, como archivo de sensaciones que acompañan para el resto de la vida a un promotor de lectura, una auténtica intervención pedagógica que despierta la sensibilidad lectora.
Su trabajo «Blanco Porcelana» se convirtió en el vehículo perfecto para mostrar cómo lo personal, lo biográfico, puede convertirse en territorio de exploración colectiva. Con honestidad, Margarita compartió cómo su propia historia familiar, la de una niña que creció recibiendo mensajes sobre la blancura como aspiración estética, se transformó en una investigación artística que cruzaba el dibujo, el performance, la instalación y la palabra, explorando así la cultura escrita desde una perspectiva corporal y performática, logrando un profundo acercamiento al público.
Recordó ese 12 de octubre en Barranquilla, cuando instaló una cuna blanca en la estación de Transmetro Joe Arroyo. En ella, en lugar de un bebé, un video la mostraba realizando prácticas de belleza aprendidas y heredadas: teñirse los bellitos del brazo de rubio, alisarse el pelo, aplicarse polvos para verse «un poquito más clara». A su alrededor, frases grabadas por sus familiares «nació blanquita», «ponte los polvos que te ves más bonita», se escuchaban por los altavoces del sistema de transporte. La gente se incomodaba, buscaba a quién reclamar, y terminaba acercándose a contar sus propias historias, generando un diálogo social espontáneo sobre la blanquitud y la herencia colonial, una muestra de cómo las actividades voluntarias de lectura y arte pueden transformar el espacio público.
«Lo más bello es lo que pasaba ahí», dijo Margarita. «Esto operaba como un espejo para cuestionar una cosa tan normalizada». En esa experiencia de mediación lectora, el arte no daba respuestas sino que abría preguntas, generaba espacios comunitarios de conversación donde la gente podía verse reflejada o rechazar lo que veía. Y en ese gesto, en esa posibilidad de crear desde lo propio, desde la historia personal que también es historia social, la mediación lectora se volvía acto de liberación.
La fuerza de la literatura y el deseo de ser mediador: la voz de Volnei Canônica
Volnei Canônica llegó desde el sur de Brasil con una historia que parecía sacada de un libro. Y quizás lo era. Presidente del Instituto de Lectura Quindim, comenzó pidiendo disculpas por su español para luego regalarnos una de las intervenciones más conmovedoras del día. Su maestro de mediación, dijo, fue su papá. Un señor que tenía una empresa de reciclaje de basura, donde los libros llegaban como papel para pesar, como mercancía para vender.
«Mi papá no me dejaba tocar los libros», recordó Volnei. Esa prohibición despertó en él un deseo imposible de contener: robaba los libros a escondidas, recibía golpes, pero seguía robando. Hasta que su padre entendió que aquello era más fuerte que él y le permitió elegir algunos. «Aprendí a seleccionar los libros, a elegirlos. No podía tener todos, pero podía tener algunos». De esa experiencia fundacional surgió su comprensión de que la mediación lectora necesita estrategias de lectura, y que los libros que duermen en las bibliotecas escolares no sirven para nada: «El libro solo sirve en la mano de los lectores», dijo, destacando la importancia de las habilidades lectoras y los procesos lectores autónomos.
La literatura es como un balde lleno de agua que alguien patea sin querer. El agua nunca se escurre de manera recta, sino que busca las grietas para penetrar, para entrar. Una buena historia encuentra nuestras grietas.
El Instituto Quindim, que nació inspirado en el proyecto Espantapájaros de Bogotá, es hoy un espacio donde las familias pueden llevarse 15 libros a la vez, como quien va al supermercado, porque Volnei cree que si queremos dar acceso, hay que darlo de verdad. «Me encanta la posibilidad de que las familias tengan una minibiblioteca en sus casas con un variado acervo bibliográfico. A veces los niños o los adultos no tienen un mediador de lectura, y yo creo en la fuerza de la literatura. Creo que el libro, solamente el libro, hace todo el trabajo», explicó, subrayando cómo estas actividades voluntarias de préstamo bibliotecario transforman el comportamiento lector de las familias.
Pero Volnei fue más allá. Citó al escritor brasileño Bartolomeu Campos de Queirós, que vio una hormiga subiendo por una pared blanca y se preguntó quién puso el deseo de azúcar en el corazón de la hormiga. «Yo me pregunto todos los días quién puso el deseo de ser mediador de lectura en mi corazón. No soy jugador de fútbol como muchos en Brasil, soy mediador de lectura. Y no quiero tener esa respuesta, quiero tener esa pregunta para siempre en mi vida».
En esa pregunta, en esa incomodidad fecunda, Volnei situó la esencia del mediador de lectura: alguien que trabaja para que todas las personas tengan acceso a los libros no como basura, sino como literatura infantil y juvenil de calidad. Alguien que entiende que el carnaval, hecho por comunidades invisibilizadas, por personas negras que hablan de su fe y sus dificultades, es también literatura. Porque la literatura se manifiesta de muchas formas: en el teatro, en la danza, en la lectura en voz alta. «No consigo pensar compartimentado, gracias a Dios», dijo, y en esa frase estaba su invitación a entender la lectura como experiencia total, como encuentro, como posibilidad de desnudarse ante el otro, integrando todas las herramientas creativas posibles.
Traducir el Caribe: la apuesta de Mónica del Valle y la editorial Lasirén
Cuando Mónica del Valle comenzó a hablar, ya el auditorio estaba sumergido en esa atmósfera de intimidad y profundidad que habían creado las intervenciones anteriores. Ella llegaba con una pregunta que la había acompañado desde sus estudios de doctorado fuera de Colombia: ¿por qué no le habían enseñado esas cosas que estaba descubriendo? ¿Por qué no le habían hablado de la Yemayá, de la Mambá, de las conexiones entre el Caribe colombiano y el gran Caribe, de toda esa rica cultura escrita del Caribe profundo?
Su editorial, Lasirén, que toma su nombre de la señora de las aguas en creole y taíno, nació casi por accidente, por necesidad y por deseo. «Opté por la vida más sencilla: yo lo hago, yo lo publico», confesó con una honestidad que arrancó sonrisas cómplices. Con su prima como socia, empezaron publicando lo más difícil: un libro de Frankétienne, el escritor haitiano considerado el padre de la literatura en creole, un libro que mezclaba lenguas, formatos, imágenes, todo un desafío para cualquier coordinación editorial.
El desafío no era solo editorial sino también de mediación. Mónica recordó cuando llevó ese primer libro a una librería en Medellín y el librero, con toda la buena voluntad, le preguntó: «Pero esto es un libro de autoayuda?» Ella tuvo que explicar quién era Frankétienne, por qué era importante, qué significaba que alguien hubiera escrito en creole antes de que el creole fuera reconocido como lengua literaria. De esa experiencia aprendió que si uno tiene la suerte de encontrar a alguien que conoce y ama un libro, ese libro puede llegar a lugares que uno nunca imaginó, especialmente si se utilizan también plataformas virtuales para su difusión.
Hoy, Lasirén publica autores de Guadalupe, de Haití, del Caribe colombiano, y su compañero, la otra mitad del «astronómico número de dos personas» que conforman la editorial, atiende personalmente las ferias del libro, contando las historias detrás de cada libro, mediando entre el texto literario y el lector. «Él sabe cómo contarle esta historia a una persona que pasa. Yo le digo ‘este es el máximo escritor haitiano’, y a quién le va a importar eso. Él dice una palabra clave, y la persona se lleva el libro».
Mónica también habló de la traducción como acto de mediación de la lectura, de ese lugar incómodo y necesario de quien pasa un texto literario de una lengua a otra. Recordó la figura de Ananse, la araña africana suspendida entre el cielo y la tierra, que roba historias y las vuelve a contar. «Para mí, en esta editorial, somos como esa araña. Estamos suspendidos en una tela, trayendo de aquí para allá, pasando las cosas de un lado a otro». Y en ese gesto de pasar, de traducir, de llevar el Caribe a quienes habitamos el Caribe sin saberlo del todo, Lasirén construye puentes donde antes había vacíos, fomentando el diálogo social a través de la palabra escrita.
El caos fecundo y la confianza en el otro
La segunda parte del foro, moderada por Victoria García, cofundadora de la Fundación Círculo Abierto, giró en torno a eso que se sale de control en la mediación lectora. Porque cuando mediamos, dijo Victoria, nos encontramos con situaciones difíciles, con el fracaso aparente, con el caos. Y ahí, en ese territorio incómodo, ocurre lo más valioso, especialmente cuando trabajamos en red, como parte de las redes de mediadoras y mediadores de lectura que tejen comunidad en Barranquilla.
Margarita retomó la palabra para compartir su experiencia con el proyecto «Prácticas de la persistencia», donde las cosas se salieron de control una y otra vez. Recordó cuando Maxmiliano, un participante, tomó los materiales que ella había preparado y en pocas horas construyó su propio teatrino, su propia historia, dedicada a un jugador de fútbol asesinado y a Pablo Escobar. «Fue el mejor de todos los resultados», dijo. «A veces somos incapaces de pensar en las audiencias, pero tenemos que confiar en este caos, en eso que se sale de control. Ahí es cuando mejores cosas vienen, cuando surgen los proyectos creativos más auténticos».
Barranquilla es leer, nos dijeron. Y después de este foro, sabemos que leer es también Barranquilla: sus contradicciones, su calor, sus grietas, su gente.
Volnei, por su parte, distinguió dos tipos de caos: el externo, con niños inquietos, y el interno. Para el primero, propuso el juego, la conexión corporal, el movimiento compartido, la lectura en voz alta como ancla. Para el segundo, confesó que no tiene control, pero que la literatura sí. Y contó una historia estremecedora: ha llegado a lugares donde una hora antes habían asesinado a alguien, y comprendió que no podía ser insensible a lo que estaba sucediendo en el territorio. «Necesitaba tener en mi repertorio muchas historias que pudieran dar cuenta de ese momento. Nosotros somos bibliotecas vivas. Tenemos que ser bibliotecas vivas, que podemos sacar de nosotros en cualquier momento una historia que dé cuenta de lo que está pasando, usando todas nuestras habilidades de lectura del mundo y de la vida».
La metáfora del agua, que Volnei había mencionado antes, volvió para quedarse. «La literatura es como un balde lleno de agua que alguien patea sin querer. El agua nunca se escurre de manera recta, sino que busca las grietas para penetrar, para entrar. Una buena historia encuentra nuestras grietas». Y en esas grietas, en esas heridas, en esos lugares donde no esperábamos ser tocados, la literatura hace su trabajo silencioso y profundo.
El público toma la palabra: preguntas que son testimonios
Cuando se abrió el micrófono al público, las intervenciones fueron todo menos preguntas frías. Fueron testimonios, confesiones, agradecimientos. Una maestra compartió que había asistido a todos los foros, pero que este era el primero donde conectaba con todos los participantes. Habló de la mediación lectora como posibilidad de hablar de aquello que no hablamos, de sanar juntos desde la raíz, de abrir verdaderos debates literarios que son, en el fondo, debates sobre la vida misma. Recordó con dolor las veces que había visto bibliotecas escolares con libros guardados bajo llave, materiales nuevos que no se podían tocar por miedo a que se dañaran. «Me dañó el corazón», dijo, y en sus palabras estaba el grito de tantos maestros que saben que los libros viven en las manos, no en los estantes.
Otra participante, Jeimi Ramos, narradora infantil, compartió su historia personal con una honestidad que estremeció el auditorio. Habló de su hermana negra, del miedo a oscurecerse, de cómo su abuelo le decía que los niños que tomaban tinto se volvían negros. Y cómo ella, desafiando esa prohibición, probó el tinto a escondidas hasta los diez años, en una búsqueda inconsciente de identidad.
Habló también de su trabajo en el sur de la ciudad, donde los libros llegan «de segunda, barranquilleros, que nadie quiere para recortar», donde a veces tiene que enseñar durante meses a los niños a cuidar los libros porque vienen de contextos tan precarios que un libro puede ser usado para golpear. Y sin embargo, ella persiste, crea espacios comunitarios de lectura, compra libros con su propio dinero. A esto, Volnei respondió diciendo que: “El libro tiene vida y va a morir, no hay problema. El problema es que los niños no tengan la experiencia lectora, la oportunidad de conectar con el libro y desarrollar sus habilidades de interpretación”.
Un cierre que es un comienzo
Victoria García cerró el foro con palabras de agradecimiento, pero el eco de lo vivido quedó vibrando en el aire. Habíamos recorrido un camino que empezó con la política pública y terminó en las grietas más íntimas de cada uno. Habíamos escuchado a una Secretaria de Educación hablar de su padre y sus 24 libros al año, a una artista contar cómo las frases de su familia se convirtieron en performance en las estaciones de Transmetro, a un brasileño recordar los golpes que recibió por robar libros de la basura, a una editora traductora hablar de la araña Ananse y de los libros intraducibles.
Y en medio de todo, una certeza compartida: la mediación lectora no es una técnica, no es un método, no es un conjunto de estrategias de lectura que se aplican mecánicamente. Un acto de amor, de confianza, de entrega. Es estar dispuesto a desnudarse ante el otro, a perder el control, a dejar que el agua encuentre sus propias grietas. Entender, como dijo Volnei, que los niños son los más grandes filósofos, los más grandes poetas, y que nosotros, los mediadores de lectura, solo podemos acompañarlos en ese viaje de descubrimiento y comprensión lectora, usando para ello todas las herramientas críticas y creativas que tenemos a nuestro alcance.
La mediación lectora no es una técnica, no es un método, no es un conjunto de estrategias que se aplican. Es un acto de amor, de confianza, de entrega. Es estar dispuesto a desnudarse ante el otro, a perder el control, a dejar que el agua encuentre sus propias grietas.
Cuando el público salió de La Fábrica de la Cultura, Barranquilla ya no era la misma. O quizás siempre lo había sido, y el foro solo nos había ayudado a verlo: una ciudad caribeña, atravesada por aguas y lenguas, por historias de blanquitud y resistencia, por niños que preguntan por qué el cielo es azul y maestros que compran libros con su propio dinero. Una ciudad donde la lectura es política pública de lectura desde hace nueve años, pero también es experiencia lectora íntima, memoria familiar, herida que sana, y donde la animación lectora ocurre tanto en las aulas como en los patios y las esquinas.
Barranquilla es leer, nos dijeron. Y después de este foro, sabemos que leer es también Barranquilla: sus contradicciones, su calor, sus grietas, su gente. Esa gente que, como los pescadores del Magdalena o los chinos de San Andrés o las niñas que no querían oscurecerse, tienen historias que contar. Y nosotros, mediadores, bibliotecas vivas, estamos aquí para escucharlas y tejer conexión social a través de la palabra.
Barranquilla es Leer
Barranquilla es Leer es el programa de acompañamiento a docentes de las Instituciones educativas distritales, desde la literatura, de la Secretaría de Educación del Distrito de Barranquilla (SED) y la Fundación Círculo Abierto (FCA).
El programa trabaja con niñas y niños de las IED de Barranquilla, elegidas bajo los criterios de la SED, en la experiencia de la lectura y la escritura, en una inmersión en la literatura compuesta por clubes de lectura especializados con artistas, acceso a una biblioteca digital de literatura infantil y juvenil, asistencia a foros de apreciación de literatura con personas expertas en literatura infantil y juvenil, tutorías semanales con niñas y niños
Sobre la Fundación Círculo Abierto
La Fundación Círculo Abierto trabaja desde el año 2010 en el diseño y ejecución de proyectos relacionados con educación y cultura. Su confianza en el lenguaje de las artes para construir y comunicar conocimiento ha sido el eje común de las experiencias que desarrolla con artistas tradicionales, contemporáneos, locales, nacionales, internacionales y comunidades diversas del territorio colombiano.
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