28 Sep Encuentro de guardianes del fuego
Feria Internacional del Libro de San Andrés, Providencia y Santa Catalina – FILSAI 2026
Moderadora: Vicky García (Fundación Círculo Abierto)
Hay territorios donde la palabra pesa distinto. San Andrés es uno de ellos. Una isla donde el mar no es paisaje sino memoria, donde el creole, el inglés y el español se entrelazan en la vida cotidiana como las olas que se rompen una tras otra sin perder su forma. Aquí, en la Novena Feria Internacional del Libro de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, un grupo de personas se sentó a hablar del fuego. No del fuego que quema, sino del fuego que se cuida. Del que puede apagarse si nadie lo mira, o encenderse y salirse de control. El fuego de la palabra.
La cita era en un auditorio. Afuera, la feria. Adentro, la mesa. Vicky García, de la Fundación Círculo Abierto, fue la encargada de encender la conversación. Lo hizo con una imagen: la de los guardianes y guardianas del fuego. Porque mediar la lectura, dijo, es como cuidar una llama. Y en una isla donde no hay librerías, donde el circuito editorial es precario y donde traer una caja de libros desde Colombia cuesta casi tanto como el libro mismo, cuidar esa llama es un acto de resistencia y de amor.
Vicky recordó que este foro nació de una alianza con el Instituto Caro y Cuervo, en el marco de su diplomado en mediación de lectura, y que no existía nada parecido en otras ferias del país. Que ocurriera en San Andrés, en un territorio multilingüe, con el reto del creole y la convivencia de tantas lenguas, era casi un deber. Entonces presentó a quienes acompañarían la conversación: Irma Bermúdez-Davies, Catalina Navas, Diana Rey, Boniface O. Fogo, Monique Shock. Cada uno con su historia, su acento, su manera de cuidar el fuego.
Lo que se cuida cuando se media
La primera pregunta fue sencilla y enorme a la vez: ¿Qué cuidamos cuando hacemos mediación lectora? No desde la teoría, sino desde el hacer. Desde el cuerpo y la experiencia.
Catalina Navas tomó la palabra. Habló de Relata, la Red de Escritura Creativa de la Biblioteca Nacional, que cumple 20 años y tiene 152 espacios en todo el país. Dijo que lo que se cuida es el vínculo. Que no basta con escribir un libro y ponerlo afuera, que hay que construir una comunidad de lecturas. “Lo que importa es el trabajo sostenido, las comunidades que se encuentran año tras año, los vínculos que quedan. Lo que más nos acredita es fortalecer las comunidades del equipo”. Menos espectáculo, más constancia.
Lo que estamos guardando, al final, es la posibilidad de mantenernos siendo humanos a través de la palabra.
Irma Bermúdez-Davies habló desde el Centro Cultural del Banco de la República, que ella dirige en San Andrés. Dijo que allí la vocación es la oralidad. Que tienen un Centro de Memorias Orales, una fonoteca, una colección Gran Caribe que incluye materiales en español, inglés y creole. Que a través de maletas viajeras los docentes llevan los libros a los lugares. Que lo que cuidan es la memoria, las conexiones con el Caribe, la posibilidad de que la comunidad acceda a su propia producción cultural. “Nos dimos cuenta de que podemos conectarnos con México, con el Pacífico, con la Guajira”, dijo. Y que cuando los niños se conectan con otros niños de otras regiones, algo se enciende.
Diana Rey habló desde Fundalectura, una entidad que trabaja desde hace 35 años con un lema que ella se repite todos los días: “hacer de Colombia un país de lectores”. Dijo que el acceso a los libros permite construir ciudadanos más críticos. Que en un país tan polarizado, la lectura y la promoción de lectura son la verdadera revolución silenciosa. Contó que Fundalectura trabaja con madres comunitarias, con profesores en la ruralidad, con promotores que atraviesan ríos prestando libros en la ribera. Y que lo que estamos guardando, al final, es la posibilidad de mantenernos siendo humanos a través de la palabra.
Boniface O. Fogo llegó desde Camerún y España. Se presentó como un hombre que viene de la palabra oral. Contó que se crió en un entorno sin libros, pero que su familia se reunía alrededor del fuego a contar cuentos. Que hasta los 12 años no tuvo un libro físico en las manos. Que el primero fue 20.000 leguas de viaje submarino de Julio Verne, y tras leerlo se dio cuenta de que había estado leyendo toda la vida sin darse cuenta. “Los contadores de historias somos escritores que escribimos libros en el aire”, dijo. Y reivindicó la primacía de la palabra oral: “A nadie se le ocurre enseñar a un niño a escribir antes de enseñarle a hablar”. Lo que él cuida es el vínculo que nos une a través de la palabra, esos fuegos invisibles. Habló del árbol de la palabra, de la necesidad de sentarse a dialogar, de resolver conflictos con la palabra. “La palabra oral es la competencia humana más importante”, sentenció. “No son las matemáticas, no es la química. Es la capacidad de expresar nuestras ideas, nuestras opiniones, nuestras emociones”.
Monique Shock habló desde Hikity Library, la primera librería multilingüe de San Andrés, ubicada en el Centro Cultural La Escalera. Dijo que el proyecto nació de dos ideas: encontrar la identidad caribeña para que los niños se vean representados en los libros, y estudiar el silencio. Contó que en los salones de clase hay 35 o 45 niños, con profesores que usan micrófono, y que cuando los niños entran en pequeños grupos alrededor de un libro, parece que nunca han tenido la oportunidad de sentarse en silencio, de oír sus propias ideas, de cuestionar el libro. Mencionó también que la librería tiene libros en tres idiomas, que el catálogo se nutre de los procesos de la comunidad, que trabajan con gestores, docentes, procesos escolares. Y que lo que cuidan es el silencio, la escucha y la identidad caribeña.
Ninguna técnica de mediación puede reemplazar la pasión por la lectura, porque ninguna técnica contagia el deseo.
Lo que cambia cuando escuchamos a los demás
Vicky propuso entonces una segunda vuelta. Ya no se trataba de decir qué cuidamos, sino de escuchar qué cuidan los otros y dejar que eso nos transforme. ¿Qué ha cambiado en nuestra forma de pensar sobre la mediación al escuchar a los demás?
Irma respondió con una reflexión sobre el peligro de encerrarse en lo propio. Dijo que son un pueblo de migrantes, que el Centro Cultural tiene colecciones de muchas regiones, que la colección se cura en un comité nacional donde se escuchan las necesidades de todas las regiones. También mencionó que dentro de la programación siempre hay actividades en español, creole e inglés. Cuando se dieron cuenta de que el inglés se estaba dejando de lado, aprovecharon esa problemática para fortalecer la lectura en inglés. Lo que ha cambiado es entender que la mediación debe estar relacionada con las necesidades de la comunidad y que la escucha es fundamental.
Boniface retomó la pregunta de Vicky sobre cómo pasar de la verdad del hecho a la verdad del sentimiento. Dijo que no ve la tecnología como enemiga, sino como aliada. Contó que cuando falleció su padre en 2009, grabó la ceremonia e hizo un documental, Memoria, que subraya la importancia de la tradición oral. Porque la palabra oral tiene connotaciones, emociones, intenciones; la palabra escrita es muda, es silencio, salvo que un ser humano se pare y la reclame. Por eso es importante contar historias en las escuelas. La infancia debe aprender a poner emoción e intención en la lectura. Lo que ha cambiado es reafirmar que la oralidad y la escritura son complementarias, y que la tecnología puede ser una aliada si se usa bien.
Diana amplió la idea de ciudadanía crítica gracias al acceso. Dijo que en Colombia todavía hay lugares donde los libros son objetos extraños, comunidades donde los niños nunca han tenido un libro en la mano. Para ella la oralidad es esencial y la biblioteca pública es el escenario cultural más importante del país, ya que ahí pasa lo comunitario, lo político, lo artístico. También comentó que hay que romper la arrogancia del centro y entender que los proyectos no se diseñan desde Bogotá para las comunidades, sino con las comunidades. Lo que ha cambiado es reafirmar que la lectura es un derecho, y que la biblioteca pública es el espacio que más tenemos que cuidar.
Catalina tomó la palabra con una reflexión que sobrecogió a la mesa. Habló de la ciudadanía crítica y del peligro de los modelos predictivos del lenguaje, esas herramientas que llamamos inteligencia artificial pero que no lo son. Dijo que estamos entregando las habilidades de pensamiento, regalándolas, asignando que ya no necesitamos aprender a leer y escribir porque le preguntamos al modelo predictivo. Para ella la lectura y la escritura análogas son un gesto de resistencia.
En su opinión, lo que va a salvar las democracias es que sigamos leyendo y escribiendo nosotros, y no se lo entreguemos a las corporaciones. “En el vínculo humano está la democracia”, dijo. Y contó una anécdota que dejó a todos en silencio: un hombre privado de la libertad que le pidió más libros infantiles porque lo único que podía hacer todas las noches para que su hijo no lo olvidara era leerle un cuento por teléfono. “Esto es irreemplazable”, dijo Diana. “Esto no lo puede reemplazar ninguna inteligencia artificial”.
Monique cerró esta ronda hablando de la identidad caribeña que cuida Hikity Library. Dijo que la gente quiere que la librería esté ahí siempre, que el tiempo se detenga un rato para poder disfrutar de eso. Todo el mundo tiene la solución, todo el mundo ha querido participar. Pero el costo de vida en San Andrés es alto, traer libros desde Colombia es carísimo, y han intentado traerlos de Jamaica, de Trinidad. La selección se va construyendo paso a paso, con la visión de imaginar a un niño representado en un libro.
Monique comentó que los meses sin feria son muy largos, que en la isla no hay otro espacio donde los libros sean protagonistas. Pero que cosas así, que ocurren en la feria, le dan energía para seguir. Lo que ha cambiado es entender que la librería es un espacio para reconocerse, para sentirse parte de una comunidad, para encontrar la propia identidad en las páginas.
El poema que cerró el fuego
Antes de abrir las preguntas al público, Vicky leyó un poema de Fredy Chicangana, un orador andino colombiano. Lo leyó despacio, como quien enciende una vela. El poema hablaba del fuego. Del espíritu del fuego que despierta con su danza, que ilumina la memoria, que calienta la presencia humana. Del fuego como esencia que transforma y purifica. Fuerza, vida, sol. Fuego que florece eternamente.
Cuando terminó, el auditorio quedó en silencio un momento. Luego vinieron las preguntas.
Las voces del público
Cuando Vicky abrió el espacio para las preguntas, el auditorio respiró distinto. Ya no era la mesa la que hablaba; eran las maestras, las líderes comunitarias, los docentes, las mediadoras que día a día sostienen el fuego en las aulas, en los barrios, en los pasillos del Banco de la República. Y lo que dijeron tenía el peso de lo vivido.
Otra maestra habló de las instituciones educativas, de las bibliotecas escolares que se han ido apagando, de la necesidad de constancia. Contó que participó del entrenamiento metodológico con los cubanos, que San Andrés fue incluido porque los resultados eran bajos. Le preocupa que el gobierno invierta en lectura y escritura pero que las colecciones no se usen. Está jubilándose y quisiera ver más acompañamiento en las aulas. Su voz tenía la urgencia de quien ha visto pasar muchos programas sin raíz.
Una líder comunitaria habló desde otro lugar: los procesos de mediación deben empezar en los barrios, si no se puede en las casas. Contó que ella tuvo privilegios, que recibía periódicos, que su papá le ponía a leer y a decir qué significaba tal palabra. Dijo que en su casa había biblioteca y que ella lee hasta el papel higiénico si tiene letras. Pero que muchos niños leen por obligación y a la media hora no recuerdan nada. “No es leer por leer, sino comprender, crear vocabulario, crear personajes. Los procesos deben empezar en los barrios, con uno de los niños, y luego llegar a los colegios”.
Un docente del Instituto Orleán de la Universidad resumió todo en cuatro palabras: oralidad, silencio, vínculo y mediación. La oralidad es la primera relación que tenemos, la materna. El silencio implica la escucha, esa habilidad que se pierde cuando el audífono nos aísla. El mediador entra para crear lazos de afecto, como decía el zorro del Principito: domesticar no es someter, es crear lazos. La misión de docentes y promotores es crear vínculos a partir de la oralidad, de los silencios que unen.
Monique y la identidad caribeña
Monique cerró esta ronda hablando de la selección de libros se va construyendo paso a paso, con la visión de imaginar a un niño representado en un libro. Contó que una chica que hace videos entró a la librería y dijo: “Yo no tuve esto cuando era niña. Yo puedo traer a mis sobrinas y ellas pueden verse representadas en los libros, en una niña con el cabello peinado como ella, comiendo un mango, con una abuela que le dice una frase muy caribeña”.
Para ella, los meses sin feria son muy largos, ya que en la isla no hay otro espacio donde los libros sean protagonistas. Pero que cosas así, que ocurren en la feria, le dan energía para seguir. Lo que ha cambiado es entender que la librería no es solo un lugar para comprar libros, sino un espacio para reconocerse, para sentirse parte de una comunidad, para encontrar la propia identidad en las páginas.
El fuego que queda
El foro terminó con agradecimientos. Vicky agradeció a los panelistas, al Instituto Caro y Cuervo, a la Fundación Círculo Abierto, a la Feria Internacional del Libro de San Andrés. Y dijo algo que resonó en el auditorio: ninguna técnica de mediación puede reemplazar la pasión por la lectura, porque ninguna técnica contagia el deseo. En cambio, esa pasión contagia a una niña, a un niño, el deseo de leer.
Afuera, la feria seguía. Los libros seguían esperando. Los niños seguían corriendo entre los stands. Y en el auditorio, un grupo de personas se dispersaba lentamente, llevándose consigo la certeza de que el fuego de la palabra no se apaga si hay quien lo cuide. En San Andrés, en una isla donde el mar es memoria y el viento trae historias de otros puertos, la palabra sigue encendida. Y hay guardianes. Y hay guardianas. Y hay fuego para rato.
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