La experiencia lectora como centro: del espacio íntimo a la comunidad en el aula

La experiencia lectora como centro: del espacio íntimo a la comunidad en el aula

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Texto por: María Alejandra Rangel Méndez
Editado por: Jairo Echeverri García


La experiencia lectora como construcción de sí mismo


La 
experiencia lectora nos invita a preguntarnos por el lugar que ocupan los libros en la vida de niños y niñas. Al mundo lo construye la mirada, y cada mirada es un mundo. Entonces, ¿qué está oculto para los adultos en la mirada de un niño o niña?, ¿cuál es el relato de la experiencia lectora que se presenta en la voz de un niño o de una niña que interpreta con la mirada puesta en un mundo propio? Y si varias voces de niñas y niños se juntan en una misma aula de clases, ¿en qué se transforma este espacio? Acaso, ¿en un lugar-puente de geografías que les permite transitar a un ritmo propio entre la fantasía, la pregunta y la curiosidad? Imaginar, soñar, escribir, dibujar. ¿Atravesar la duda, lo absurdo, o bien, algún límite?, ¿hacerse comunidad?

Según algunas de las ideas que la antropóloga y escritora francesa Michele Petit desarrolla en su libro Lecturas: del espacio íntimo al espacio público, este lugar puede comprenderse como un espacio de transgresión que supone otras maneras de pertenencia y apropiación que no sólo ponen en valor la voz y la escucha de niños o niñas, sino que además se presentan como la posibilidad de sostener sus imaginarios, preguntas, inquietudes o pensamientos entre las palabras, frases o imágenes presentes en un relato. Se trata de un aspecto que resulta determinante para llegar a encontrarse con una mirada crítica, curiosa, creativa o de asombro a través de la cual poder leer el mundo. Esta experiencia de lectura se convierte así en un proceso de construcción de sí mismo.

En este escenario, la lectura aparece como esa posibilidad que nos acerca a algo mucho más profundo y que está vinculado con un proceso de construcción de sí mismo que, si bien inicia en el campo de la fantasía (a través de la forma de un paisaje singular, un camino o un espacio imaginado), se trata finalmente de un lugar que encuentra correspondencia con el descubrimiento, el reconocimiento o la reinterpretación de la vivencia personal, donde el lector —niño o niña en este caso—, alejado o alejada de la validación del otro, es capaz de un «pensamiento independiente» (Petit, 2005, p. 113), un proceso que le permite un mayor campo de acción a nivel personal y social.

Sin relatos (…) el mundo permanecería allí, indiferenciado; no nos sería de ninguna ayuda para habitar los lugares en los que vivimos y construir nuestra morada interior." - Michele Petit

El aula como lugar-puente entre la fantasía y la realidad


Existe en la 
experiencia lectora de niños y niñas cierta libertad que les permite participar en un proceso activo generador de sentido a través del cual se despierta en su interior una inquietud, un sentimiento de extrañeza o de curiosidad que se vuelve una invitación para encontrar otras maneras de salir de unos mundos y adentrarse en otros posibles. Un niño o una niña que vive la experiencia lectora no sólo ve, escucha o pronuncia palabras que narran relatos lejanos a su cotidianidad, sino que, al experimentar la lectura en el cuerpo, se configuran otras maneras de atravesar la presencia de lo real a través de preguntas, significados, sensaciones o vínculos que se vuelven simbólicos y que terminan por definir la necesidad de apropiarse del mundo y de volverlo más habitable no sólo de manera individual, sino también en comunidad.

En el aula, esta experiencia sucede entre las múltiples formas que aparecen en la voz de niños y niñas tras leer o escuchar el relato de un libro. Pero ¿cómo se adentra un promotor o promotora de lectura a esta otra manera de ver o leer? Todo empieza por dar valor a la literatura y a la experiencia estética y subjetiva que despierta: la literatura como un recurso vital capaz de habilitar y poner en diálogo la experiencia lectora en su diversidad de significados. El promotor o promotora, al compartir un relato en el aula, primero abre un espacio de escucha atenta que privilegia la lectura en voz alta, un gesto que de por sí aporta un gran valor a la experiencia lectora por la entonación, los silencios, los colores de la voz o la gestualidad que hacen de las palabras un lugar que acoge.

Lectura en voz alta y conversación: el relato compartido


La 
lectura en voz alta se vuelve una experiencia compartida que sucede cuando, en medio del relato, un niño o niña manifiesta un deseo de continuar con la lectura: un deseo de leer. Aparece en simultáneo la conversación, un proceso que pone en circulación la palabra, pero también que nos invita a respetar los silencios. Se trata de promover una conversación amplia, diversa y abierta, sin llegar a corregir, obligar o imponer interpretaciones. El acto de leer se convierte así en un gesto colectivo que habilita la escucha y el diálogo.

Con la experiencia lectora, el relato no concluye cuando el libro termina; por el contrario, adquiere una dimensión mucho más profunda cuando el aula se vuelve un puente que conecta con un mundo o lugar que se vuelve habitable por las múltiples voces, imaginarios y sensibilidades que allí se encuentran y dialogan. El aula como un mundo posible, como un espacio amable, libre, participativo y dinámico que se reconfigura a partir de las amplias dimensiones de la experiencia propia luego de identificar un hallazgo o un encuentro curioso.

Un niño o una niña que vive la experiencia lectora, no sólo ve, escucha o pronuncia palabras que narran relatos lejanos a su cotidianidad, sino que, al experimentar la lectura en el cuerpo, se configuran otras maneras de atravesar la presencia de lo real a través de preguntas, significados, sensaciones o vínculos que se vuelven simbólicos y que terminan por definir la necesidad de apropiarse del mundo y de volverlo más habitable no sólo de manera individual, sino también en comunidad.

Hacerse comunidad: cuando la experiencia lectora trasciende el aula


El aula alcanza una dimensión comunitaria en la medida que el proceso generador de 
sentido que vive un niño o niña se vuelve una práctica compartida de intercambios que, primero, le acompaña a dar forma a su interpretación del mundo, y segundo, que abre la posibilidad de seguir encontrándose con aquello que produce sentido en otros niños y niñas fuera del aula. El promotor o promotora puede llegar a ser parte activa de este proceso al compartir una curiosidad que habilite la experiencia del niño o niña, aunque en este diálogo también aparece la posibilidad de interrogar la relación que se tiene con los libros, en especial cuando nos vemos atravesados por la experiencia de volver a leer el mundo con la mirada curiosa y sensible de un niño o una niña.

Así, la experiencia lectora trasciende el aula y se vuelve comunidad: un espacio donde las voces se encuentran, los relatos se tejen y el mundo se vuelve más habitable para todos y todas.

Bibliografía

  1. Biblioteca Digital MakeMake. (2026, marzo 18). MakeMake te invita a Estrategias para realizar clubes de lectura con jóvenes y adolescentes. [Vídeo]. YouTube. https://www.youtube.com/watch?v=WwmL-8VvOS0

  2. Ferrada, M. J. (2005). Leer el mundo. Experiencias actuales de transmisión cultural. Fondo de Cultura Económica. https://archive.org/details/petit-m.-leer-el-mundo.-experiencias-actuales-de-transmision-cultural

  3. Petit, M. (2001). Lecturas: del espacio íntimo al espacio público. Fondo de Cultura Económica. https://ifdvregina-rng.infd.edu.ar/sitio/upload/PetitLecturas.pdf


Barranquilla es Leer

Barranquilla es Leer es el programa de acompañamiento a docentes de las Instituciones educativas distritales, desde la literatura, de la Secretaría de Educación del Distrito de Barranquilla (SED) y la Fundación Círculo Abierto (FCA).

El programa trabaja con niñas y niños de las IED de Barranquilla, elegidas bajo los criterios de la SED, en la experiencia de la lectura y la escritura, en una inmersión en la literatura compuesta por clubes de lectura especializados con artistas, acceso a una biblioteca digital de literatura infantil y juvenil, asistencia a foros de apreciación de literatura con personas expertas en literatura infantil y juvenil, tutorías semanales con niñas y niños.

Textos como La Odisea forman parte del universo de lecturas que compartimos con docentes y estudiantes. No se trata solo de acercar los grandes relatos de la literatura universal, sino de ofrecer herramientas para leerlos con mirada crítica, para preguntarnos por el lugar de las mujeres, de los silencios y de las voces que la tradición ha relegado. En los clubes de lectura y en las formaciones con maestras y maestros, exploramos estas obras como territorios vivos donde la palabra interpela, incomoda y transforma. Así, cada lectura se convierte en una oportunidad para que las y los docentes amplíen su repertorio literario y, con ello, enriquezcan su práctica de mediación en el aula.

Sobre la Fundación Círculo Abierto

La Fundación Círculo Abierto trabaja desde el año 2010 en el diseño y ejecución de proyectos relacionados con educación y cultura. Su confianza en el lenguaje de las artes para construir y comunicar conocimiento ha sido el eje común de las experiencias que desarrolla con artistas tradicionales, contemporáneos, locales, nacionales, internacionales y comunidades diversas del territorio colombiano.

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