29 Jul El libro de la almohada: cuerpo y escritura en la literatura japonesa
Texto por: Albenis Muñoz Avila
Editado por: Jairo Echeverri García
Leer a Sei Shōnagon es como abrir una ventana a sensaciones corporales que parecen despegarse del papel. El libro de la almohada, obra clásica japonesa del período Heian, es un tejido de momentos: impresiones, listas y escenas que nos hablan de lo simple y lo efímero. No busca enseñar ni explicar, solo guardar lo que se siente y se observa: la luz que cambia con las estaciones, la incomodidad, lo desagradable, la belleza fugaz de un gesto, la intimidad de la vida en la corte. No se trata de un texto rígido ni de una narración lineal, sino de apuntes que fluyen con la misma naturalidad con la que la mano se mueve sobre el papel.
Shōnagon escribe como quien conversa consigo misma, dejando que las sensaciones, las imágenes y los recuerdos se entrelacen sin un orden fijo. Es una escritura que celebra lo espontáneo, lo fragmentario, lo íntimo. En lugar de construir un argumento cerrado, abre ventanas a lo cotidiano, revelando así la riqueza de la cultura japonesa en su expresión más sensible.
El libro de la almohada es un tejido de momentos: impresiones, listas y escenas que nos hablan de lo simple y lo efímero.
Cuerpo, escritura y estética
La noción de experiencia estética implica la capacidad de percibir, discriminar y valorar lo sensible. Según Dewey (1934), la estética no se limita a lo bello, sino que abarca toda vivencia que involucra intensidad perceptiva y emocional. En este sentido, el cuerpo funciona como mediador entre el mundo y la escritura: lo que se siente y observa se convierte en palabra. Barthes (1982) subraya que la escritura es un gesto corporal, una prolongación de la sensibilidad, y en El libro de la almohada esta idea se materializa en listas, escenas y comentarios que registran lo efímero. La literatura Heian, además, se caracteriza por la fragmentariedad y la atención al detalle. Como señala Shirane (1998), la escritura femenina de la época se nutre de lo cotidiano y lo íntimo, transformando lo trivial en arte. Shōnagon convierte su percepción corporal en un archivo literario que refleja tanto la sensibilidad individual como la vida social de la corte en el Japón del siglo XII.
La aurora como experiencia corporal
«En primavera, el amanecer. Cuando al insinuarse la luz sobre las colinas, los contornos se tiñen de un pálido rojo y purpúreos jirones de nubes flotan sobre las cimas…»
El primer capítulo de El libro de la almohada describe la belleza de las estaciones y los momentos del día. La autora señala que «en primavera, lo más hermoso es el amanecer». Esta observación parte de una experiencia corporal: el cuerpo percibe la luz, el cambio de temperatura, el despertar de la naturaleza. La escritura fija esa percepción efímera, convirtiéndola en memoria estética.
La aurora no se presenta como un concepto abstracto, sino como una vivencia sensorial: el color del cielo, el canto de los pájaros, la brisa matinal. El cuerpo experimenta la transición entre la noche y el día, y la escritura prolonga esa experiencia. Así, el capítulo inaugura la obra maestra mostrando que la literatura surge de la sensibilidad corporal.
Lo desagradable como parte de la estética
En el capítulo de las «cosas odiosas», Shōnagon amplía la estética: no solo lo bello, también lo incómodo y lo irritante forman parte de la sensibilidad. El cuerpo discrimina, la escritura prolonga esa discriminación, y lo desagradable se convierte en arte.
Recuerdo de una mañana clara
En este pasaje, Shōnagon se conmueve ante lo mínimo: el rocío que cuelga como perlas en las telarañas, las ramas que se aligeran y se alzan con armonía, la belleza que vibra en lo efímero. Su mirada sensible convierte lo cotidiano en un instante estético. Aquí la experiencia no es solo visual, es corporal: los ojos se llenan de claridad, la piel percibe la frescura, el cuerpo se deja afectar por lo que ocurre.
La experiencia estética, en términos de John Dewey, se entiende como una vivencia plena en la que percepción y emoción se integran. Shōnagon encarna esa idea: lo que observa no se queda en la superficie, sino que se transforma en sentimiento y luego en escritura. El relato mismo es prolongación del cuerpo que siente.
La desazón final, cuando su narración no causa impresión en los demás, revela otra dimensión de la experiencia estética: su carácter íntimo. Lo que conmueve profundamente a quien lo vive puede pasar inadvertido para otros. La escritura, entonces, se convierte en puente entre lo vivido y lo compartido, entre la sensibilidad individual y la memoria colectiva.
Así, «Recuerdo de una mañana clara» muestra cómo la experiencia estética en El libro de la almohada nace del cuerpo, se prolonga en la palabra y convierte lo efímero en arte.
La escritura de Shōnagon es prolongación del cuerpo: lo que se percibe y se siente se convierte en palabra, y la literatura se transforma en archivo de la experiencia estética.
Vientos
«Un viento de tormenta. Al amanecer, estoy acostada con las celosías y las puertas completamente abiertas y de pronto el viento entra en la habitación y golpea mi cara —delicia extrema—. Un viento frío, helado. El tercer mes, el húmedo, gentil viento que sopla a la noche me conmueve enormemente.»
Aquí, la experiencia estética se manifiesta como intensidad sensorial: el viento no se observa desde afuera, se siente en la piel, se escucha en el movimiento del aire, se guarda como memoria íntima. La escritura fija ese instante efímero y lo transforma en arte.
El capítulo de los vientos dialoga con «Recuerdo de una mañana clara»: ambos muestran cómo lo natural se convierte en emoción y cómo la sensibilidad de Shōnagon transforma lo cotidiano en belleza. El viento y la claridad del día son estaciones que envuelven al cuerpo, momentos que revelan que la estética no está en lo grandioso, sino en lo mínimo que conmueve.
Los capítulos analizados muestran que El libro de la almohada se recorre a través de sensaciones corporales. «En primavera. El amanecer» (cap. 1) revela la percepción de lo bello; las «cosas odiosas» (cap. 14) muestran la inclusión de lo odioso; las escenas fugaces (cap. 84) evidencian la necesidad de fijar lo efímero; y la intimidad (cap. 118) expone la prolongación del cuerpo en la escritura.
La escritura de Shōnagon es prolongación del cuerpo: lo que se percibe y se siente se convierte en palabra, y la literatura se transforma en archivo de la experiencia estética. El libro de la almohada es un viaje sensorial donde cuerpo y escritura son inseparables: el primero percibe, la segunda prolonga. Así, lo efímero se convierte en arte y lo íntimo en memoria.
Este acercamiento a la escritura de Sei Shōnagon y a los libros de literatura japonesa forma parte del trabajo de mediación lectora que promovemos desde Barranquilla es Leer, un proyecto que acompaña a docentes de colegios del distrito en la creación de experiencias de lectura significativas. Al igual que la autora nipona convierte lo cotidiano en arte, en las aulas buscamos que los niños y jóvenes encuentren en la literatura un espacio para habitar su propia sensibilidad, para registrar lo que sienten y observan, y para reconocerse como sujetos capaces de escribir y transformar su mundo. La escritura, como la aurora que describe Shōnagon, es también un amanecer posible en cada salón de clase.
Bibliografía
- Shōnagon, S. (2020). El libro de la almohada. Edición especial. Adriana Hidalgo editora.
- Dewey, J. (1934). Art as Experience. Perigee Books.
- Shirane, H. (1998). The Bridge of Dreams: A Poetics of the Tale of Genji. Stanford University Press.
Barranquilla es Leer
Barranquilla es Leer es el programa de acompañamiento a docentes de las Instituciones educativas distritales, desde la literatura, de la Secretaría de Educación del Distrito de Barranquilla (SED) y la Fundación Círculo Abierto (FCA).
El programa trabaja con niñas y niños de las IED de Barranquilla, elegidas bajo los criterios de la SED, en la experiencia de la lectura y la escritura, en una inmersión en la literatura compuesta por clubes de lectura especializados con artistas, acceso a una biblioteca digital de literatura infantil y juvenil, asistencia a foros de apreciación de literatura con personas expertas en literatura infantil y juvenil, tutorías semanales con niñas y niños
Sobre la Fundación Círculo Abierto
La Fundación Círculo Abierto trabaja desde el año 2010 en el diseño y ejecución de proyectos relacionados con educación y cultura. Su confianza en el lenguaje de las artes para construir y comunicar conocimiento ha sido el eje común de las experiencias que desarrolla con artistas tradicionales, contemporáneos, locales, nacionales, internacionales y comunidades diversas del territorio colombiano.
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